¿Te ha pasado que tenías pensado ir al gimnasio, pero surgieron otras cosas ?más urgentes??
Ayudar a tus hijos con la tarea, llevar a un familiar a hacer mandados, adelantar trabajo de la oficina? Todo parece tener sentido, todo parece prioritario, y por supuesto, no hay quién más pueda hacerlo.
Lo mismo hacemos con nuestro cuerpo y nuestra salud.
Nos duele algo, pero lo ignoramos.
Posponemos esa visita al dentista. Dejamos para después el chequeo médico. Nos prometemos que ?cuando pase todo esto?, lo vamos a atender.
Y aunque conscientemente creemos que lo hacemos para ayudar a otros o porque ?no hay recursos?, la raíz suele ser más profunda. Cuando abrimos el corazón, podemos ver que muchas veces el alma está gritando cosas como:
Raíces emocionales comunes del autoabandono
No merecimiento
Sentimos que no merecemos cuidado, tiempo o inversión.
En muchos casos, esto viene de la infancia: si otro miembro de la familia recibía más atención, aprendimos que ?otros necesitan más que yo?.
Temor al diagnóstico
Tenemos tanto miedo de lo que pueda decir un médico, que preferimos no saber.
Lo paradójico es que el miedo constante puede terminar materializando justo lo que tememos.
Victimismo inconsciente
Muchas personas se sienten solas? pero también rechazan la ayuda cuando llega.
Este patrón sostiene la narrativa de ?nadie me cuida? y perpetúa la inmovilidad.
Necesidad de validación
Vivimos demostrando que podemos con todo.
Pero detrás de ese impulso hay una herida profunda: el deseo de mostrarle a mamá o papá que somos capaces. Aunque ya no estén.
Tu cuerpo no se rinde. Solo busca ser escuchado.
Ignoramos al cuerpo hasta que colapsa.
Pero el cuerpo nunca se rinde en su intento de hacernos escuchar.
Desde tiempos ancestrales se sabe que los órganos reflejan emociones. Y hoy, cada vez más estudios lo confirman.
Estas son algunas preguntas que hago en sesión, y en el 99% de los casos, abren una puerta a la raíz emocional del síntoma:
Resfríos frecuentes: ¿Sentís que alguien invade tu espacio?
Tos, garganta, tiroides: ¿Qué estás callando? ¿A quién no podés decirle lo que querés?
Dolor lumbar: ¿Qué preocupaciones financieras te están agobiando?
Dolor de rodillas: ¿Sentís que alguien te exige someterte o ceder?
Alergias: ¿Qué te irrita profundamente en otros?
Sinusitis: ¿Qué tristeza no pudiste llorar?
No es casualidad. El cuerpo es un canal de comunicación interna, no un obstáculo. Escucharlo es sanador.
No necesitás un título médico para hablar con tu cuerpo
No hace falta ser médico ni terapeuta clínico para entender a tu cuerpo.
Pero sí necesitás disposición.
Necesitás crear ese espacio íntimo, en silencio, y preguntarle con humildad:
?¿Qué querés decirme??
?¿Qué necesito ver??
?¿Qué paso debo dar??
Y te prometo: la respuesta llega.
Llega con alivio, claridad, y muchas veces, con lágrimas sanadoras.
Mi conversación con el COVID
En 2020, un domingo por la mañana, hice mi rutina habitual: aplicarme aceite de limón y lavanda para comenzar el día con paz.
Pero esa vez? no olí nada.
Ahí supe que el COVID había llegado a mí.
Fumador, con toda la información que circulaba, sentí pánico por un instante.
Pero mientras estaba en la cama, sonreí, respiré (aunque sin oler), y me conecté con el virus. Le dije:
?Sé que no es personal. Sé que necesitás un cuerpo para propagarte. Te envío amor incondicional, no desde mí, sino desde Dios.
No acepto una sentencia de muerte. No voy a luchar contra vos.
Podemos convivir en paz, o podés salir cuando lo decidas.?
Mi proceso fue armonioso. Solo sentí cansancio.
Semanas después, aunque recuperé el olfato, el sabor del huevo era horrible, como a herrumbre.
Me conecté con mi lengua y le pregunté qué pasaba. Me respondió que era su forma de solidarizarse con el dolor colectivo humano.
Agradecí su gesto, pero le dije:
?No necesito sufrir para acompañar al mundo.
Te pido que liberes este sabor, y recordés cómo solía saber el huevo.?
Y en ese instante, el sabor volvió a la normalidad.
Quince días después volvió? y tuve la misma conversación.
Esta vez, el cambio fue permanente.
Hablar con el cuerpo es un arte? y un hábito
A veces mis conversaciones con el cuerpo son técnicas, ritualizadas.
Otras veces, son como hablar con un amigo.
Lo importante no es cómo lo hagas.
Lo importante es que lo hagas.
Al principio puede parecer extraño. Como conocer a alguien nuevo. Pero con el tiempo, las conversaciones se vuelven naturales, fluidas, profundas.
Hacé de tu cuerpo tu mejor amigo
Él sabe más de vos que nadie.
Y cuando aprendés a escucharlo:
Descubrís partes tuyas que nunca habías visto.
Te liberás de cargas que no sabías que llevabas.
Sentís el amor que siempre estuvo ahí? esperando que te hablaras con compasión.
Date la oportunidad de conocerte desde ahí.
Buscá un lugar tranquilo, poné música suave, cerrá los ojos?
Y preguntale a tu cuerpo:
?¿Qué necesitás hoy??
?¿Qué mensaje me estás dando??
?¿Cómo puedo ayudarte a sanar??
?No es debilidad, es sabiduría somática.?
Jorge UQ Varela
Terapeuta Holístico | Creador de The Phenix Method